sábado, 30 de enero de 2016

Para empezar, no olvidar

La tapa de El Gráfico tras su 1ª victoria.
La primera vez que firmé un artículo de opinión en la revista Campeones fue (creo) en 2004. Lo que recuerdo perfectamente era su extensión (una pequeña columna) y su título ("No se olviden de Juan"). El texto en cuestión recogía una pregunta que mi viejo, quien me transmitió la pasión por el automovilismo cuando yo era un pibe, se hizo durante años: "¿Cómo puede ser que no exista un autódromo que lleve el nombre de Juan Gálvez?". Esa falencia histórica de nuestro automovilismo (en particular de sus dirigentes) se subsanó el 4 de agosto de 2008, cuando se publicó en el boletín oficial la ley Nº 2.777, sancionada un mes antes por la Legislatura porteña. El artículo 1º establecía que el Autódromo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se denominaría "Oscar y Juan Gálvez" (desde 1989 hasta entonces, sólo llevó el nombre del "Aguilucho").
En 2013 tuve la oportunidad de entrevistar para Campeones a Ricardo Luis Gálvez, uno de los dos hijos de Juan, quien manifestó enfáticamente que su padre era un gran olvidado y que el reconocimiento que tenía, respecto de los logros que había conseguido, "no existía".
Como mi visión coincide bastante con la de Ricardo, esta primera entrada de @rmprensa evoca -con imagen y voz- al piloto con más títulos (9) y victorias (56) de la historia del Turismo Carretera. Se trata de una entrevista de 1957 a Juan Gálvez en su taller de la calle Avellaneda 1841 del barrio de Caballito, en la Ciudad de Buenos Aires. El testimonio pertenece al muy recomendable Archivo Prisma y es uno de los pocos registros audiovisuales de calidad que se conservan de un hombre que el automovilismo argentino no puede permitirse olvidar.