Por Ezequiel Ganem - Nota publicada en la Revista Campeones Nº 306
Juan Manuel Fangio, José Froilán González, Alberto Ascari,
Luigi Villoresi, Maurice Trintignant, Piero Taruffi y Roberto “Bitito” Mieres
en el ámbito internacional. Néstor y Carlos Marincovich, Jorge Cupeiro, Oscar
Cabalén, Armando José Ríos, Carlos Pairetti, Julio Pérez y Cástulo Hortal, en
el nacional. Con todos ellos trabajó (y con muchos ganó) Bernardo Pérez,
uno de los preparadores y mecánicos más importantes que ha tenido el
automovilismo deportivo argentino.
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| Junto al "Chevitú". Foto: Revista Automundo |
Nació el 31 de diciembre de 1911 en Buenos Aires, pero fue
en Arrecifes donde a los 17 años expresó su pasión por los autos. Allí, su
padre había instalado un tambo, pero “las tuercas me tiraban más que las
vacas”, confesó alguna vez. Entonces, las visitas al taller de Cástulo
Hortal (precursor del automovilismo en Arrecifes) se hicieron frecuentes.
Comenzó como aprendiz, luego preparó el motor del Studebaker de Hortal hasta
que en el GP de Arrecifes de 1933 debutó como su acompañante. Tres años
después, Julio Pérez (con quien no tenía ningún parentesco) lo contrató
como mecánico de la agencia General Motors de Arrecifes y le pidió que sea su
copiloto. La relación fue por demás fructífera, ya que ellos dos –junto a Bernardo
Mendioroz– fueron los primeros en conseguir que la coupé Chevrolet sea
competitiva (Julio llegó 2º en el GP Internacional del Sur de 1939).
En 1937 llevó su pasión por los autos un poco más allá y debutó
como piloto en una carrera de Fuerza Limitada en San Jorge, con un
Chevrolet. A raíz de la oposición de su familia, debió correr con el seudónimo
“Pierre Lotti”, elegido por un amigo pensando en un conocido caballo de carrera
y no en el escritor francés. Bernardo lideraba la carrera cuando el motor le
dijo basta... Mientras seguía trabajando con Julio, llegaron sus triunfos al
volante: Las Rosas en 1938 y Capitán Sarmiento y Salto Argentino en 1939. Sin
embargo, su vínculo con el automovilismo sufriría un abrupto paréntesis. Fue el
14 de diciembre de 1940, en las Mil Millas, cuando Julio se mató en un
accidente y Bernardo padeció heridas por las que estuvo internado durante un
año. “Me arreglaron todo y me dejaron como nuevo. Una pierna un
poquitito más corta que la otra fue el saldo. Tuve mejor que suerte que
Julio...”, diría años después.
Las secuelas del accidente y la Segunda Guerra Mundial
demoraron su reencuentro con el automovilismo hasta 1945. No obstante, tras
disputar la segunda carrera desde el retorno le puso fin a su campaña como
piloto. “Sentí una especie de recelo, quizás algo de temor por el mucho
público que había. Me di cuenta de que ya no iba más. Me faltaba ese ‘algo’
que poseía antes”, explicó. Dos años después, aceptó la propuesta de José
Froilán González para preparar el Dodge 1946 con el que el “Cabezón” debutó
en el TC. Bernardo también fue su copiloto y el encargado de alistar el
Chevrolet 1939 con el que “Pepe” disputó sus restantes 5 carreras (incluida la
Buenos Aires-Caracas) en la categoría.
En 1950, el ACA organizó una temporada internacional de
cuatro competencias de Fórmula Libre y trajo 6 autos para Juan Manuel Fangio,
Froilán González, Roberto Mieres y Benedicto Campos, entre otros.
Pérez le pidió permiso a Francisco Borgonovo (dirigente del ACA) para trabajar
en los coches, solicitud que le fue concedida. “No quería sueldo ni nada”,
explicaría Bernardo, quien una vez concluida la temporada recibió el llamado
del “Chueco” para viajar con él a Europa. Junto a Fangio y Froilán González
integró la Scuderia ACA Achille Varzi, cuyo jefe de mecánicos era Amadeo
Bignami. En el debut, en una carrera de F.2, el balcarceño terminó 3º con una
Ferrari 166 F2. Luego, el “Chueco” obtendría dos triunfos en competencias de
F.1 no puntuables: Pau (Maserati 4CLT) y San Remo (Alfa Romeo 158), donde se
sumó al team Alfredo Pián con una Maserati 4CLT/48 (culmina 3º). El
equipo (ya sin Fangio, que corre para Alfa Romeo) participó del 1er
Campeonato Mundial de Fórmula 1 desde la 2ª fecha, en Mónaco, donde se Pián
se accidentó en la clasificación y Froilán abandonó. El mismo final tuvieron
las incursiones del arrecifeño en los GP de Suiza y Francia. Antes del retorno
a Argentina, Fangio volvió a la Scuderia ACA en Albi (sin puntos), donde “Pepe”
arribó 2º con una Maserati 4CLT. Ya en Sudamérica, Fangio y Froilán hicieron el
“1-2” (en ese orden) con sendas Ferrari 166 F2, primero en Paraná y luego en
Santiago de Chile.
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| Asomándose por la ventanilla, en sus tiempos de copiloto de Julio Pérez. (Foto: Historia TC) |
En 1951, Bignani dejó el equipo y Pérez asumió como jefe de mecánicos. Los resultados, siempre con las Ferrari, fueron inmejorables: el “Cabezón” se adjudicó las dos carreras realizadas en la Costanera Norte, en las que postergó a las Mercedes oficiales de Fangio, Karl Kling y Hermann Lang. Sin embargo, “los autos no daban para más” –diría Bernardo–, por lo que se disolvió el team. Los tres argentinos retornaron a Europa: Fangio con Alfa Romeo, mientras que Froilán y Pérez fueron contratados por Ferrari F.1 a partir de la 4ª fecha, en Reims, donde el arrecifeño le cedió su 375 V12 a Alberto Ascari, quien la lleva al 2º lugar. En la siguiente, Silverstone, se produjo un hito histórico: la 1ª victoria del “Cavallino” en la F.1, con Froilán arriba del auto y Pérez, debajo de él. “Fue sensacional. ¡Le ganamos a las Alfetta! Froilán reemplazó con una conducción genial los caballos que le faltaban al auto”, declararía Bernardo tiempo después. “En el departamento de carreras de Ferrari sólo trabajábamos 8 personas, pero yo fui el único que acompañó al equipo a todas las carreras. Me consideraban de utilidad, ya que hacía de todo, hasta chapa... Don Enzo Ferrari era muy educado y cordial, pero había que respetarlo mucho. Para hacer una modificación en el motor había que llamarlo a su residencia y él disponía por sí o por no. Y no se hablaba más”, contó alguna vez, quien también trabajó en Ferrari cuando Ascari logró los títulos de F.1 en 1952 (año en el que pese a su vinculación con la Scuderia, estuvo muy cerca de Fangio, sobre todo tras el accidente del balcarceño en Monza) y 1953. “Era muy serio. Sólo lo veíamos en los entrenamientos o las carreras. No estaba con nosotros”, diría sobre el italiano.
Al año siguiente, Pérez acrecentó su palmáres: preparó la
Ferrari 375 Plus V12 con la que Froilán y Trintingnant se impusieron en las
“24 Horas de Le Mans”. En 1955, el “Cabezón” se quedó en Argentina y
Bernardo –fiel a su amigo y mentor– decidió no ir a Europa. Ya no regresaría al
Viejo Continente, aunque sí volvería a trabajar en el exterior y con Fangio,
nada menos. Fue en 1957 y el “Chueco” (Maserati 300S) venció en las tres
carreras (una en Cuba y dos en Brasil) de Sport que disputó. Ese mismo año,
Bernardo empezó a prepararle una coupé Chevrolet de TC a Oscar Cabalén y
una Maserati-Corvette de Fuerza Libre a “Pepe”, con la cual ganarían
16 de las 19 competencias entre 1957 y 1960. Entonces, se metió de lleno en
el TC de la mano de Néstor Marincovich, a quien le dio su único triunfo
(Nueve de Julio ’60). Tras la muerte de “Sandokán”, se incorporó al taller de
Fangio y Cía. en Buenos Aires. Allí lo fue a buscar Armando J. Ríos,
deseoso de contar con un Chevrolet competitivo. Vaya si lo tuvo: lograron 6
victorias juntos hasta que se separaron en 1963. En el medio, Bernardo preparó
el Chevrolet con el que Carlos Pairetti debutó en el TC en el ‘62, pero
diferencias entre ambos (Pérez tenía un carácter fuertísimo) hicieron naufragar
la relación laboral. En 1964 Froilán lo convocó para que lo ayude a instalar su
propio taller y también comenzó a trabajar con Carlos Marincovich, otro
novato. Tras el alejamiento de los hermanos Bellavigna de las huestes del
“Cabezón”, Bernardo se encargó del “Chevitú”. “Se construyó el nuevo (N.
de la R.: en realidad se reformó, pues siempre se trató del mismo auto), del
que fui amo y señor. Les ganamos o siempre anduvimos delante de los autos de
fábrica. Esa es mi gran satisfacción”, se enorgullecería. Alistó ese
mítico auto para Cupeiro (un breve lapso) y Marincovich. “Era muy bueno,
sabía mucho. Aunque tenía muy mal carácter, era una excelente persona,
no le hacía daño a nadie. No le gustaba que lo sobraran. Era duro en el trato,
pero muy correcto”, recuerda el “Gallego”. El “Ruso” coincide: “Era
un tipo muy derecho, pero bastante cabrón, dicho esto respetuosamente.
Sabía muchísimo de carburación”. El último auto en el que trabajo Pérez fue
el “Chevitres”, con el que logró tres triunfos en el TC y otros tres en
el Sport Prototipo, donde fue subcampeón en 1969, siempre con Marincovich al
volante.
Cuando Froilán se unió a la Comisión de Concesionarios de General Motors y le pidió el motor del “Chevitres” para colocarlo en un auto de la CCdGM, decidió alejarse de las carreras. Estaba convencido de que el “Chevitres” era mejor que los “oficiales”, como había demostrado en la pista. Entonces, se refugió en el taller de una agencia arrecifeña de Dodge y luego tuvo uno propio durante 5 años. Nunca perdió la pasión por los autos. Y en sus últimos años, que transcurrieron en Buenos Aires, lo demostraba cuando le preguntaban cómo estaba: “Como coche viejo, todos los días con un problema nuevo...”. Falleció el 19 de agosto de 1999, a los 87 años. Con él se fue un trozo importante de nuestra historia automovilística, tal vez no valorado en su justa medida por pertenecer a una estirpe –la de los mecánicos– siempre relegada. <
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| Carlos Marincovich, Bernardo, Froilán González y "Paco" Martos, junto al Chevitres. (Foto: Corsa/Historia TC) |



JORGITO PEDERSOLI DIJO QUE ESTE HOMBRE HABIA SIDO SU MAESTRO.
ResponderBorrarESO LO DICE TODO.